La scene en los videojuegos nunca será una buena noticia

Es algo que ocurre siempre. Cada vez que una nueva consola es lanzada comienzan los comentarios, especialmente en ciertos foros, acerca de su scene, exploits o, siendo más directos y sinceros, cuándo será pirateada. Y a pesar de lo que muchos piensen, esto nunca son buenas noticias. Para nadie.

Las razones tras la scene

Cada vez que la scene de una consola, que busca modificarla para añadirle funciones, encuentra una forma de hacerlo comienza la locura. Por supuesto, aquellos que investigan estos métodos y los que los siguen suelen esgrimir que es con razones “legales” (o al menos no muy inmorales), de investigación o por mejorar el hardware, como mucho el añadirle funciones multimedia y emuladores. Nada ilegal, o eso dicen, a pesar de que ya los propios emuladores se utilizan para cargar copias de juegos… pero si es retro parece que no pasa nada.

Pero la locura se desata con la llegada de la posibilidad de cargar “copias de seguridad”. Hay muchísima gente interesada en poder realizar copias de seguridad de sus juegos, por algún extraño motivo que posiblemente esté relacionado con la facilidad de los formatos originales de los juegos para autodestruirse (nótese la ironía). Algo que los seguros que tiendas especializadas de videojuegos ofrecen hoy en día parece no ser suficiente para cubrir.

Por supuesto, el interés real es el obvio en nuestra naturaleza de “todo lo que pueda ser gratis, mejor”: poder piratear juegos. Entonces el argumento a favor de la scene cambia de ser en defensa de la investigación o mejora a algo económico y beneficioso para las empresas: “si se puede piratear, venderán más consolas”. Todo el mundo contento con ese titular: la piratería vende más consolas. ¿O quizás no?

El problema de la piratería

La piratería, o incluso algo que parece mucho menos nocivo como los mods, son muy mala noticia para todos. Y no solo para las compañías de videojuegos, también y especialmente para sus consumidores.

El mayor efecto y directo es el obvio: la piratería reduce ventas de software. Nada sorprendente, aunque para algunos parece que si es así: si lo puedes tener gratis ¿para qué pagar?. Mucha gente se mueve por esa máxima con un millón de argumentos que intenta defenderlo: “no hago daño a nadie”, “ya ganan suficiente”, “es que no tengo trabajo”… Pero no es así, si se hace daño a alguien, y es que tras cualquier empresa lo que hay no es un CEO que quiera comprarse un nuevo yate, sino cientos o miles de trabajadores cuya vida depende de la venta de ese producto. “Pero, si no me lo iba a comprar de todas formas”, puede que no, pero con esa descarga se colabora en la causa: lucrando a portales de descargas que crecen y aceleran la situación, compartiendo con otros ese producto en redes P2P, normalizándolo…

Después de eso viene la segunda fase, la del “los juegos que realmente me interesan los compro”. No, eso tampoco arregla nada, que compres el juego más vendido del año no es ninguna solución, es posiblemente un juego que sea muy rentable y que una venta más o menos no le afecte en nada. El problema son los otros, esos juegos de segunda linea que no forman parte del top 10 de los más vendidos del año, que en muchos casos tampoco han sido desarrollos baratos y en los que la tasa de piratería tiende a dispararse, lo que llega a hacer mucho daño a las personas cuyo trabajo depende de ellos. Del piratear un juego indie, en el que muchas veces un grupo de particulares han aportado su tiempo y recursos personales para crearlo, mejor no hablamos.

El perjuicio al consumidor

Vale, obviamente afecta a la industria, pero ¿cómo afecta al consumidor? Lo más inmediato es menos juegos disponibles y/o más caros. Si un desarrollo deja de ser rentable en una plataforma, no se lanzará en la misma o habrá que lanzarlo a un mayor precio. Y por supuesto, si la situación llega a cierto punto, puede suponer la desaparición de una saga o un estudio.

Pero hay más. Hoy en día el porcentaje de contenido online de los juegos es inmenso, en algunos géneros supone la mayoría de contenido. Y la posibilidad de modificar el juego supone no solo el cambiar su apariencia con el objetivo de mejorar sus gráficos o añadir skins. La consecuencia final es que surge la posibilidad de realizar trampas. Y por mucho que solo sean unos pocos, acaba suponiendo el hacer imposible jugar una partida online con normalidad, disfrutando del juego, a no ser que sea exclusivamente con conocidos.

Conclusión

Menos juegos, más caros y el no poder disfrutar en muchas ocasiones de los existentes. Esa es la consecuencia última que sufrimos todos con esta situación. No solo los que piratean, todos. Por no hablar de la moralidad de jugar con el trabajo de miles de personas que puede haber detrás de cada juego: desarrolladores, traductores, trabajos administrativos… hasta la persona que trabaja en la tienda. Incluso puede afectar a una infinidad de sectores paralelos, aunque sea el del periodista que escribe en una web de videojuegos.

Por desgracia seguirá pasando, al menos a corto plazo. Somos así, la sociedad es así. Pero no debemos normalizarlo, no podemos tratarlo como una buena noticia o buscar justificaciones. Nos afecta a todos los que disfrutamos de este medio, de una forma que desgraciadamente la mayoría no llega a ver.

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